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Conflicto En La Universidad Católica: La Violencia Asegurada

 

Si hubiese existido un poder judicial real en Paraguay, muchos políticos del pasado estarían en la misma situación que Christian Von Wernich,  Miguel Etchecolatz, Jorge Rafael Videla, Juan María Bodaberry y otros tantos nombres famosos en los oscuros años de la Operación Cóndor. Señores de la razón y la iluminación que cegaba vidas y llantos en los tiempos de la única verdad.

 

Las instituciones están hechas por los hombres y dirigidas por los hombres, que siempre se equivocan, no se debe olvidar eso para juzgar. La existencia de un poder judicial de papel en Paraguay condena a que un conflicto social y democrático, un conflicto de memoria y dignidad, inevitablemente sea resuelto por la violencia.

 

Y no me refiero a la guerra, la guerra está instalada desde siempre en el mundo y en Paraguay, porque por décadas solo dominó la paz de las tumbas y los sofocamientos. Hoy esa paz se trata de sostener, negando espacio a la verdadera paz, la de la juventud que reclama memoria, memoria y más memoria, para honrar a los que nos permitieron vivir en estos nuevos tiempos en Paraguay.

 

Los estudiantes de filosofía de la Universidad Católica de Paraguay tienen sus razones para tomar el rectorado de su universidad, los que protestan contra ello también. Toda la sociedad civil organizada está detrás, apoyando a los que toman el local universitario. Del otro lado están los que se sienten agredidos por tal medida, con sus argumentos válidos al respecto. Las posturas han llegado al punto de no retorno en lo irreconciliable, el dilema ha ido más lejos de la cuestión universitaria o de los legítimos procedimientos de una casa de estudio que le pertenece a la Iglesia Católica. Quizás la pesada inercia del oprobio se moverá nuevamente, quizás la tradicional voluntad hasta intente un desalojo violento, radical y justo según el interpretar viejo de leyes viejas, como lo fue la Pascua Dolorosa (aniquilación de las ligas cristianas agrarias de orientación social en los 1970’s) o ese  lento genocidio de las desapariciones y torturas. De ser así, el conflicto se agravará a dimensiones jamás vistas en el país, un conflicto que empañará ignotamente al nuevo gobierno de Fernando Lugo.

 

Lo que los medios y grupos oligárquicos no entienden es que el viejo Paraguay se está retirando, imposible de sostener. El nuevo Paraguay emerge, inatajable, infisionándose como poema y canción entre las piedras de la cordura. La represión violenta a los estudiantes de la católica, con la excusa de “casa privada” ahondará más el conflicto y la sed de cambio; la expulsión de los estudiantes mucho más. No hay espacios privados cuando se trata de la democracia, porque es la democracia la que establece lo público de lo privado y en Paraguay recién empezará a haberla y su nacimiento exige memoria sin reservas; porque no hay lugar privado donde no valgan los Derechos Humanos.

 

Los diálogos que no se basen en un consenso mínimo no son diálogos, sino monólogos. Un llamado a diálogo que no se funde en la búsqueda de la verdad solo provocará más conflicto. La única vía para evitar que el incendio se extienda más es calmar los ánimos, pero con el fin de esclarecer la memoria. En ese esclarecimiento puede hacer mucho la Comisión de Vedad y Justicia, que si llega a determinar las responsabilidades de Ruffinelli, este deberá asumir lo que le corresponda y no hablar solo de errores; cuando dichos “errores” costaron miles de vidas y hasta un diario cerrado excecrablemente;  errores aún vigentes que incluso llegan al colmo de no querer "recordar" ya más "esos tiempos", típica frase del que nada aprende ni de nada se arrepiente. Cuando se llegan a posturas de choque, es cuando deberíamos ser capaces de pensar en una alternativa que no profundice más el choque. La solución no está en llamar al diálogo sencillamente, sino a dialogar sobre lo que no recordamos y lo que necesitamos recordar, el único diálogo posibles es sobre la memoria y no sobre la impunidad; madre de las dictaduras y corruptelas.

 

El Conflicto de la Universidad Católica no podrá resolverse fuera de los Derechos Humanos, ni manteniendo para siempre la toma y bloqueo de un edificio que algunos calificarían como que violenta los Derechos Humanos, ni tampoco negando el profundizar las responsabilidades históricas de otros. El bloqueo de un edificio fue el necesario y primer accionar para rememorar a los que buscan el olvido, pero no debe ser el único ni el sostenido. Hay otras acciones igualmente enérgicas y necesarias, es posible encontrarlas.

 

Abogado Alejandro Sánchez

Activista de Derechos Humanos y Ecologista

 

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